Psicoterapia: los hijos y las separaciones destructivas

Entendemos la relación de pareja con convivencia o matrimonio como una construcción compartida, expresada en conductas que favorecen la relación de confianza, intimidad, cuidado e influencia, si estas conductas decaen o se duda de ellas, comienza una etapa de desconfianza y retirada, al que sigue un estado de alejamiento y separación.

 

En las separaciones de parejas con hijos en común se dan dos tipos de separaciones: las colaborativas y las separaciones destructivas, que por lo general se judicializan.

 

 Es ideal que las separaciones sean colaborativas, es decir que se mantenga el eje parental, una parentalidad paralela.

 

Toda separación conlleva un duelo, al ser ignorado no se logra abordar e integrar en la experiencia de las personas y se instala un componente traumático en la pareja post conyugal. Las conductas de ataque o defensa se automatizan y las peleas se convierten en el estilo de comunicación habitual, sin poder reconocer la propia interacción destructiva. Este tipo de interacción siempre impactará en la estabilidad emocional de los hijos en común, quienes verán afectada su posibilidad de alcanzar un nivel de autonomía acorde a sus propias etapas de desarrollo y no lograrán construir una identidad familiar positiva post separación.

 

Se denomina Trauma Relacional, a la experiencia vivenciada por los hijos en las separaciones destructivas. El aparato psíquico se organiza en torno al trauma y el pasado sigue ocupando todos los espacios psíquicos relacionales actuales. En este sentido, se postula que el trauma relacional familiar se relaciona con un acontecimiento o la suma de acontecimientos, en el que el sentimiento de seguridad física y emocional de un miembro se ha visto avasallado o transgredido por la conducta de personas a quienes percibía como referentes de protección y cuidado. Se produce una ruptura relacional profunda, donde se daña la confianza, instalando la sensación de que no es posible volver a confiar en el otro. Es muy importante considerar que son las dinámicas maltratantes las que generan las separaciones destructivas y no las conductas.

 

En el contexto de terapia psicológica, lo descrito dificulta el encuadre inicial, ya que la alianza con las dos partes resulta compleja, o incluso imposible, ya que la posibilidad de volver a confiar se encuentra dañada. Las implicancias en lo destructivo, ofrece entonces un abordaje desde donde tratar las responsabilidades de modo equitativo, apuntando a la reparación de lo traumático relacional.

 

Entendemos la judicialización del divorcio como la expresión de máxima interferencia y destructividad. En los divorcios contenciosos se tratan temas como la exigencia o la negativa de dar la pensión alimenticia para los hijos, impedir la relación directa, regular y permanente (visitas) con uno de los dos padres o incluso considerar al o a los hijos en riesgo por el mal cuidado del progenitor que mantiene el cuidado personal (tuición).

 

Es importante distinguir, la judicialización del conflicto post matrimonial, del  resguardo y ordenamiento de las responsabilidades parentales. En el contexto de lo contencioso, la pareja post conyugal acude al sistema de justicia para que éste regule los afectos, module el daño, gestione la emoción al interior de la familia. La familia pasa a ser regulada, dejando que las decisiones las tome el sistema judicial.

 

En las separaciones destructiva todas las relaciones al interior de la familia se ven interferidos por el conflicto post conyugal y se evidencia las pérdidas de límites entre éstos. La relación entre cónyuges se conserva mediante el conflicto no resuelto entre ellos. El alto grado de conflicto que mantienen los excónyuges contamina el eje parental, impidiendo o entorpeciendo la coparentalidad, así los hijos adquieren características maltratantes, ya que al verse gravemente interferidas las competencias parentales se detiene el sano desarrollo, perdiendo autonomía.

 

La tarea de los terapeutas se inscribe principalmente en el resguardo y protección de los hijos. Resguardar la hermandad resulta un importante desafío en este contexto, al ser un recurso de protección para los hijos implicados. Ello es posible al diferenciar el ser hijo de el ser hermano, para entonces recuperar el vinculo fraterno y con ello, posibilitar la recuperación del vínculo parento filial.

 

Lo fraterno (el ser hermanos) es una construcción emocional, ocurre en el devenir de las experiencias compartidas, requiere de momentos juntos, de experiencias comunes, independientes de la relación que se sostenga con los progenitores. La hermandad es un espacio en el cual se aprenden aspectos muy fundamentales para la vida, relaciones con pareja, laborales, con amigos, es como un laboratorio relacional. La experiencia en relaciones horizontales, enseña a resolver. Una relación fraterna sana es aquella dónde confluyen todos los afectos positivos y negativos, permitiendo aprendizajes fundamentales para la vida adulta, como lo son la cooperación, la resolución de conflictos, tolerar las diferencias. Es importante precisar que tener los mismos padres o la misma familia, no nos hace igual, los hermanos son distintos. Las separaciones destructivas generan pérdidas de temporalidad, horizontalidad y autorregulación en y entre los hermanos(as)

 

Entre los principios básicos que permitirán realizar psicoterapia post separación, está la concepción de la parentalidad desde una mirada relacional. Siempre el ser madre o padre se construye con otro, presente o ausente, y en relación a al menos un hijo. Por otra parte, el proceso terapéutico debe contemplar la disminución o desbloqueo del proceso de duelo y la disminución de los niveles de destructividad. Ambos padres en proceso de separación deben participar, o al menos tener la posibilidad de hacerlo. Si se trabaja con niños, niñas o adolescentes y alguno de los padres no autoriza la terapia, no será entonces posible realizarla. Cuando una pareja no tiene decidido el termino de la relación, no se incluyen a los hijos. El terapeuta siempre puede interrumpir la terapia en caso que sea necesario.

 

Los principios de una parentalidad positiva, implican pensar a los hijos como actores protagonistas o sujetos de derecho. Se ha constatado que mientras más caótica sea la separación más objetivados son los niños (de transacción, de seducción, de castigo, etc.) En psicoterapia se busca que la pareja post conyugal ponga a los hijos al centro y comience a sostener una disposición cooperativa. En este sentido en el trabajo psicoterapéutico se necesita abordar la vinculación, reconfiguración de los límites familiares, revisar y reconocer qué fue lo que dañó el vinculo y cuáles han sido los pasos de alejamiento. La Coparentalidad mínima posible y la corresponsabilidad parental deberán ser la base de la nueva organización. No se trabaja el conflicto post conyugal, se trabaja cómo ese conflicto interfiere la nueva coparentalidad. Así mismo, es necesario considerar la realidad actual de la familia siendo la adaptación a los nuevos contextos parte del abordaje terapéutico.

 

Que los hijos e hijas se tornen invisibles, es un factor de riesgo para el desarrollo de conductas de parentalidad maltratante. La separación destructiva es una situación de maltrato infantil, ya que los padres presentan baja disponibilidad emocional para los hijos, puesto que están centrados en el su dolor y conflicto con el otro. Es necesario abordar lo expuesto en terapia, llevando a los padres a reflexionar sobre el dolor y abandono en que están los hijos. Mostrar cómo se han dejado decisiones que afectan a los niños en manos de los abogados, donde las estrategias legales pudieran vulnerar a los niños. La estrategia jurídica centrada en destruir a la contraparte, daña severamente la estabilidad emocional de los hijos en común.

 

La función fundamental del terapeuta debe ser estructurada, esto afirma la confianza de la familia y despeja el riesgo de lidiar entre la función asignada y la función terapéutica.

El surgimiento de una demanda que sea incompatible con el proceso terapéutico y el incumplimiento de las indicaciones mínimas, son motivos suficientes para interrumpir una terapia. Se espera como principal logro terapéutico la reducción o extinción de las conductas maltratantes  y la construcción de una coparentalidad razonable.

Psicóloga Adultos Jacqueline Riquelme.jpg
Ps  Jacqueline Riquelme

Postítulo en Psicoterapia Familias y Parejas e Individuos, Universidad de Chile

Especialización en Diagnóstico e Intervención con Familias y Parejas, Instituto Chileno de Terapia Familiar (ICHTF)

Diplomado “Herramientas para el Abordaje de la Violencia contra las Mujeres". USACH y SERNAMEG

Diplomado “Los derechos de los niños, niñas y adolescentes víctimas de delitos sexuales y el sistema judicial”. Universidad Católica de Chile.

Diplomado “Violencia masculina: abordaje interdisciplinario” UAHC

Formación como Victimologa en el Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH)

Psicóloga UAHC

Amplia experiencia en atención a adultos, adolescentes y parejas, en equipos clínicos, entre otros ILAS, TEMPLANZA. Especialista en Victimología.

Perito forense de la Unidad de Psiquiatría Adulto, Servicio Médico Legal

(Atención individual 15 años en adelante. Atención parejas y familias con niños de 5 años o más. Atención padres con hijos cualquier edad)

Psicologa, psicologo en Santiago, centro psicologico